Reflexiones políticas desde pragmatismo electoral

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¿Qué sería del hardcore sin política? ¿Sin crítica social?

Escuchar o declararse hardcore nunca ha sido simplemente asistir a conciertos de bandas internacionales o coleccionar camisetas para exhibirlas en redes sociales. Desde sus orígenes en Norteamérica y posteriormente cuando llego a Colombia, uno de los pilares fundamentales del hardcore ha sido cuestionar, resistir y fomentar el pensamiento crítico entre una juventud que, muchas veces, encontraba en esta música una forma de canalizar la frustración, la inconformidad y la rabia frente a un mundo que parecía decidido a ignorarla.

En los últimos años me he preguntado cómo la política puede convertirse en una excusa para ignorar nuestra humanidad colectiva y cómo ciertas ideas fascistas han logrado infiltrarse —de manera consciente o inconsciente— en sectores de la escena hardcore. Esta reflexión resulta especialmente relevante en un país marcado por décadas de masacres, desplazamientos forzados, persecución política, violencia contra comunidades indígenas o campesinas y de jóvenes que fueron asesinados por el hecho de hacer música .  .

Quienes crecimos escuchando hardcore y punk solemos compartir valores asociados al antifascismo, el antiautoritarismo, la autogestión, el trabajo comunitario, el apoyo mutuo y la desconfianza frente a las estructuras de poder, independientemente de si estas se presentan desde la izquierda o desde la derecha. Sin embargo, las circunstancias históricas también nos han obligado a reflexionar sobre el papel que pueden desempeñar herramientas como el voto cuando los proyectos políticos autoritarios amenazan con ampliar la exclusión, la violencia o la concentración del poder.

La operación Orión en Medellín en donde Miembros de la Fuerza Pública actuaron en conjunto con grupos paramilitares en el año 2022.

Y esto no es fortuito, lamentablemente, además de la larga historia de gobiernos colombianos vinculados a los movimientos paramilitares y fascistas, el mundo, y específicamente países como Estados Unidos y  Argentina, parecen tener gobiernos y ciudadanos que, debido a las fallas estructurales del sistema han logrado legitimar los discursos ultraconservadores de odio, exterminio y privilegios sociales

Es más, este tipo de discurso están tan arraigados actualmente en la sociedad y este tipo de personas están tan cómodas con esto, que no hace mucho, circuló ampliamente un video de la legendaria banda Circle Jerks durante un concierto en Las Vegas. Tras interpretar la canción “Under the Gun”, su vocalista, Keith Morris, respondió airadamente a dos asistentes que lo acusaban de introducir opiniones políticas en el escenario:

Que te jodan. Voto en todas las elecciones. Siempre voto por el menos apestoso pedazo de mierda”.

Y continuó con una serie de preguntas retóricas:

—¿Así que no estás aquí por mis tonterías políticas, sino por la música? —dijo con ironía—. ¿Entiendes nuestras malditas letras? ¿Entiendes lo que cantamos? ¿Sabes que Donald Trump es el mayor pedazo de mierda que jamás haya pisado la Tierra? ¿Ustedes son unos malditos nazis? ¿Ustedes son unos malditos fascistas?

Más allá de compartir o no su posición concreta, el episodio deja una pregunta interesante: ¿es posible separar completamente el hardcore de las ideas que le dieron origen?

No queremos retroceder 20 años y regresar a los momentos más oscuros de nuestra historia reciente, cuando la violencia política, el paramilitarismo y la persecución contra múltiples sectores sociales marcaron profundamente al país. y aunque sabemos que votar en medio de todo es validar un sistema corrupto el cual no hará las grades cambios estructurales que necesita esta sociedad, vemos el voto como una herramienta defensiva para evitar males peores y tratar de bloquear las nefastas políticas de derecha y ultraderecha.

Las consecuencias de esas decisiones no son superfluas. Se reflejan en la manera en que tratamos a nuestras comunidades más vulnerables, en la protección o el abandono de los territorios, en la defensa de las luchas feministas, de las comunidadesLGBTIQ+, de los pueblos indígenas y afrodescendientes, así como en la capacidad de enfrentar el racismo, el sexismo y otras formas de discriminación que siguen presentes en este país

También se reflejan en la relación que mantenemos con el medio ambiente y con los animales. La defensa de las prácticas antiespecistas, la oposición a proyectos extractivos que ponen en riesgo el medio ambiente y la construcción de modelos más sostenibles no son luchas separadas de los valores que históricamente han atravesado al hardcore, sino expresiones distintas de una misma preocupación por la dignidad, la justicia y la responsabilidad colectiva.

Sabemos que ninguna elección resolverá por sí sola estos problemas, sí puede influir en el rumbo que toman estas discusiones y en el margen de acción que tendrán quienes trabajan diariamente por construir comunidades más justas, inclusivas y solidarias.

La apatía al tema electoral en este país y en este tiempo, no es una forma de rebeldía y ni promueven ideas anti-sistema, por el contrario es una ventaja a aquellos grupos que quieren volver al poder y recuperar la impunidad con la operaron hace dos décadas.

Aunque ningún candidato político representa nuestros ideales ni va a destruir el capitalismo ni las formas hegemonicas de poder consideramos que votar cada 4 años puede evitar que la represión empeore, que el medio ambiente no se destruya de una forma tan acelerada que los pueblos indígenas, y todas las minorías tengan mayor y mejor participación en las políticas de Estado y que las mujeres y otras comunidades excluidas históricamente sigan ampliando sus derechos. 

Las organizaciones comunitarias y los espacios de resistencia no son perfectos, falta mucho por hacer pero son espacios mas seguros que antes, y que por lo menos durante los próximos años podriamos conservar sin tener el miedo del prejuicio o de represeión.

Por eso, frente a un panorama cada vez más polarizado, vale la pena recordar una idea sencilla:

Mantén tu ideología radical en las calles, pero usa el voto como escudo en las urnas.

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